Somos un país refranero, e incluso en la alimentación tenemos frases celebres que la ciencia ha analizado, y las respuestas son las siguientes:

1. «Desayuna como un rey, almuerza como un príncipe y cena como un mendigo».

El desayuno es claramente una comida muy importante ya que es la que rompe el ayuno, no obstante no debemos por ello descuidar el almuerzo ni la cena, pues es crucial elegir bien nuestra alimentación y cubrir nuestras necesidades nutricionales. Y obviamente, no debemos dar rienda suelta a nuestra gula por la mañana, desayunando por desayunar solo por cubrir expediente. Si no se tiene hambre es mejor no comer nada.

2. «Come, niño, y crecerás; bebe, viejo, y vivirás». 

Nadie discute que los peques tienen que comer de todo para crecer sanos y fuertes. Pero que el alcohol da la longevidad para durar 100 años, es algo peligroso de encajar en nuestra rutina, ya que no sirve para todas las personas.

Miguel Ángel Martínez-González, catedrático de Medicina preventiva y Salud Pública en la Universidad de Navarra, lo deja claro: «En principio, se trata de personas que comen bastante bien y están sanas. Casi nunca consumen destilados, ni se emborrachan, ni toman mucho alcohol al día, sino solo en las comidas». Los aparentes beneficios de esta costumbre se deben a los polifenoles (que tienen propiedades antiinflamatorias) que aporta el vino. Pero esta sustancia la podemos obtener de muchos otros alimentos más saludables. La ciencia ya lo ha dejado claro: el alcohol, cuanto menos, mejor.

3. «Pan y vino, se anda el camino». 

El pan es el combustible por excelencia para nuestro organismo, es rico en hidratos de carbono que se transformarán en glucógeno (la gasolina del cuerpo).

Lo del vino, en cambio, no hay por dónde cogerlo. «El alcohol acelera la deshidratación», explica Andrea de Sanus Vitae. El American College of Sports Medicine recuerda que además las bebidas etílicas interfieren en la actividad del sistema nervioso central comprometiendo las capacidades motoras, la coordinación, el equilibrio y la toma de decisiones.

4. «Comer ajo y beber vino no es desatino». 

A los refraneros les encanta el zumito de la uva por lo que podemos comprobar. En cuanto a esto, ya hemos visto que su consumo debe ser más que moderado. Por otra parte, el ajo, esa joya culinaria hispana, es un tesoro rico en componentes azufrados, vitaminas del grupo B, magnesio y zinc. Diversos estudios le atribuyen propiedades de prevención de enfermedades cardiovasculares (normalización de la tensión arterial, reducción de triglicéridos en sangre y hasta una reducción del riesgo de arterioesclerosis), así como cierta acción bacteriana debido a la alicina. Por haber, hay hasta investigaciones que sostienen que los varones que comen ajo destilan un olor corporal irresistible para las féminas.

La única pega, el aliento.

5. «Comer se ha de hacer en silencio, como los frailes en sus conventos». 

Juana Mª González Prada, dietista-nutricionista y directora técnica de Alimmenta, advierte que «comer en silencio e, incluso, en soledad, no significa que nos concentremos en el sabor, olor o textura de la comida. Más bien nos abstraemos en los acontecimientos del día, obligaciones, planes o preocupaciones, sin desconectar de la rutina diaria». Tampoco es que por almorzar de cháchara se vaya a comer menos, pero «comemos más despacio», apunta. Aunque aclara: «La cantidad depende de la ración y no tanto de la velocidad a la que comemos».

En lo que sí da la razón a los ascetas silenciosos es que el proceso de masticar gana mucho. «El proceso de hablar pone en juego el aire ventilado para producir sonido y esto interfiere con la deglución. Es más adecuado hablar con la boca vacía y comer cuando no hablemos». Pero reconoce que el placer de compartir mesa, mantel y charla también es bueno. «Un entorno amable nos hará disfrutar más de nuestra comida».

6. «Encima de la leche nada eches». 

La dietista-nutricionista de Alimmenta desmonta este ancestral mito: «Esa mala fama se apoya en la idea de que la leche se corta en el estómago o que la fruta corta la leche. Ninguna de estas dos afirmaciones se sostiene a nivel fisiológico: el pH del estómago es ácido, más ácido que el vinagre, y se mantiene acido aún lleno de alimento. Ahora bien, la tercera parte de la población tiene cierto nivel de intolerancia a la leche. La sintomatología es hinchazón, acidez o pesadez. Este hecho puede apoyar la afirmación que cuando tomes leche, no lo mezcles con nada más porque peor te sentará».

7. «La naranja en la mañana es oro, en la tarde plata y en la noche mata». 

Un mito más. Aunque cuidado, si se sufre de reflujo, gastritis o hernia de hiato, puede aumentar los síntomas.

¿Vas a acostarse nada más cenar? Tal vez el alto contenido en fibra de la naranja alargue un poco la digestión, pero es una naranja, no un carnero entero. No culpes a este cítrico de tus pesadillas. Si no hay contraindicaciones, la fruta de postre es perfecta. Ayuda a saciar y aporta la fibra, antioxidantes y vitaminas para asegurar una correcta salud. Incluso en la cena.

8. «Naranja agria en ayunas, salud segura». 

Que poco nos gusta disfrutar del desayuno. Ni la naranja agria ni el mítico zumo de limón a palo seco son tan milagrosos como creemos. «No está demostrado que el zumo de limón tenga propiedades adelgazantes intrínsecas, y su contenido en fibra no es mayor que el de otras muchas frutas u hortalizas. Quizá su eficacia para perder peso venga condicionada por la sustitución de la toma de un desayuno estándar por el zumo de limón, que tiene un bajo aporte calórico», explicó Francisco José García Fernández, especialista de la Fundación Española del Aparato Digestivo (FEAD) en el Hospital Universitario Virgen del Rocío (Sevilla).

9. «Leche y miel, hacen al niño doncel». 

La leche es necesaria por las proteínas y el calcio, pero hoy en día hay muchos más alimentos con esos nutritientes e incluso más completos. en cuanto al néctar de las abejas, debemos matizar. Bien es cierto que los niños son auténticas trituradoras de energía (en relación con su peso) y la miel aporta muchos azúcares, a razón de 320 kcal/ 100 gramos. Pero si buscamos que el chaval crezca a lo alto y no a lo ancho, la miel debe ser un poco menos anecdótica en su dieta.

¿Le inmunizará contra los gérmenes culpables del resfriado en cuanto entre en edad escolar? Pues no: moqueará igual, aunque tal vez tosa menos. «La miel no tiene un efecto descongestivo en las vías respiratorias. Sí es cierto que en tos seca de carácter irritativo disminuye el reflejo de la tos, aunque el mecanismo por el cual afecta a este reflejo no es bien conocido», asegura María del Carmen Seijo, miembro del Departamento de Biología Vegetal en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Vigo.

Espero que os haya gustado este post. Saludos saludables de parte de Euclinic.