A pesar de que estamos muy acostumbrados a que nos adviertan sobre el peligro que supone exponernos a un cambio brusco de temperatura, lo cierto es que no echamos mucha cuenta de estos avisos y nuestro organismo sufre las consecuencias de las oscilaciones térmicas.

Es sumamente importante tener en cuenta que tanto las temperaturas altas como las bajas ejercen un efecto sobre nuestra salud y son determinantes en el centro termorregulador corporal, ejerciendo un efecto adverso en alguna de nuestras funciones fisiológicas, e incluso, modificando el poder de nuestras defensas ante microorganismos patógenos.

Debemos saber que las altas temperaturas a las que se ve sometido nuestro organismo favorecen las patologías gastrointestinales, mientras que las temperaturas bajas provocan patologías respiratorias y cardiovasculares.

Uno de los efectos más importantes del frío es la vasoconstricción que origina cambios tanto a nivel cardiovascular aumentado la presión arterial y la frecuencia cardíaca, como en la zona nasal donde genera que el moco sea más denso. Aumenta la probabilidad de infarto de miocardio en pacientes con riesgo cardiovascular y favorece la formación de trombos.

Por su parte, la vasoconstricción nasal hace que disminuya la capacidad de eliminar los virus que inhalamos que unido al hecho de permanecer más tiempo en lugares sin ventilación como oficinas, colegios, etc., aumenta el riesgo de contagio de enfermedades víricas respiratorias como el catarro, la gripe o la neumonía. Estos apuntes deben ser tenidos en cuenta sino queremos caer enfermos durante estos días dónde se empieza a instaurar el Otoño.

Y hay que tener un especial cuidado porque estas enfermedades víricas respiratorias pueden cursar con febrícula, dolor osteomuscular, malestar general, tos, mocos e incluso pueden complicarse en pacientes con enfermedades crónicas como cardiópatas, EPOC y diabetes presentando en estos casos síntomas más severos como fiebre elevada, dolor en el pecho y disnea o dificultad respiratoria así como en las personas obesas, los fumadores y las personas mayores de 65 o menores de 5 años.

Por eso debemos cuidar de ser despreocupados al salir a la calle sin nada de abrigo, evitar beber líquidos demasiado fríos, evitar los cambios bruscos de temperatura (aire acondicionado a toda potencia) y lavarse mucho las manos antes de ingerir cualquier alimento.


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